Una cocina con sabor a Mediterráneo

Una cocina en blanco y aguamarina

La familia propietaria de esta cocina buscaba una renovación total que aportase mucha capacidad de almacén y crease un ambiente muy práctico y funcional en el día a día. La planta, de 17 metros cuadrados, recibe abundante luz natural por un amplio ventanal y se comunica directamente con el salón-comedor.

Santos Brezo, encargado del proyecto, opta por un mobiliario de la línea Minos Line-E Gris nube, de Santos, distribuido en forma de U para aprovechar al máximo el espacio. Está realizado en estratificado, lo que aporta una gran resistencia al uso y desgaste cotidiano. Frentes, encimera y zócalos en claro se caldean con notas diferentes en paredes, taburetes y lámparas. El mobiliario en U reduce los obstáculos visuales y reduce los desplazamientos innecesarios. Todo está al alcance.

En forma de U

La parte central de la cocina, proyectada por Santos Brezo, está equipada por muebles bajos de almacén con espacio para preparar y lavar, flanqueados a ambos lados por sendas penínsulas que acogen la zona de cocción y un espacio adicional de trabajo.

Con revestimiento en la pared solo en la parte baja para proteger la zona de salpicaduras. En la mitad superior, color. La campana, decorativa. En una lateral, un botellero.

Unas columnas de almacén completan en perpendicular el mobiliario, aquí se reúnen electrodomésticos y módulos de servicio. En el frente, además de superficie de trabajo, se instala el fregadero con muebles altos en la pared en línea. El lavavajillas queda totalmente integrado en los módulos bajos.

La península más cercana a la ventana ofrece una superficie adicional de trabajo y hace las veces de barra de desayunos y comidas rápidas con unos taburetes.

 

Todo invita a la calma

En la parte inferior de los módulos altos del frente un perfil de iluminación proporciona la luz necesaria para trabajar con comodidad. También incorpora tomas de corriente y un rail para colocar diversos accesorios.

Para iluminar la barra de desayunos, dos lámparas de techo, de Paloma Carrizales.

Aquí se aprecia, junto a la puerta que comunica con el salón, un frente de columnas de almacén y electrodomésticos.

La distribución y acabados consiguen una planta despejada.

Una gran cocina en el centro de Madrid

Se respira tranquilidad en la cocina de Elena y Cristóbal. La mezcla de colores no podía ser más armónica, el verde de las paredes y elementos de paso combinado con el gris nube del mueble nos transmite ese ambiente calmado del sur que buscaban sus propietarios; el mármol en la encimera equilibra la solidez de un material con historia y la percepción volátil que nos provoca su contacto.
El sol baña de luz la estancia a través de la ventana unificando el color del conjunto, regalándonos con ello la sensación de paz que todos tenemos cuando miramos el mar.

Sin duda Elena y Cristóbal han conseguido ese rincón de hogar donde todo tiene su lugar y nada sobra, donde conseguimos que el día a día sea un espacio de vida que disfrutamos compartiendo con los nuestros.

Convertimos espacios en hogares